martes, 15 de mayo de 2018

Banderas...

Cada vez más, las banderas, se van convirtiendo en símbolos estrambóticos.
Me sorprende la pleitesía que se rinde a ellas y, sin embargo, vivimos tiempos en que su presencia indignifica lo que quieren representar.



Mi devoción por las banderas es inversamente proporcional a la manipulación que de ellas se hace. No creo en ellas, me siento agredido. O las banderas simbolizan que "todos y todas" tenemos cobijo en los territorios y espacios que representan o simplemente me parecen una burda manipulación.

domingo, 4 de marzo de 2018

Viajes.

Nos ofrecen recoger multitud de maletas que, abandonadas en la consigna del aeropuerto, llevan más de tres años ahí depositadas y nadie reclama. Algunas de ellas muy pesadas. Otras, contrariamente, livianas, casi sin peso. algunas claramente cuidadas. Otras desvencijadas, no sé si del trato recibido o del tiempo en la consigna. Algunas parecen avisar de grandes hallazgos. Otras, sin embargo, no apunta que al ser abiertas contengan nada importante...

Pero según las vamos cargando en la furgoneta, se me aparecen multitud de historias que encargan dichas maletas. Qué sería del dueño que no volvió a por ella. Qué le ocurriría a aquella muchacha que no recobró su equipaje.
Las maletas no están muertas, inertes... Son la paradoja de un tránsito, de un viaje... de multitud de historias -al menos una por bulto- que van configurando la propia historia de nuestra sociedad. Una maleta, un viaje lleno de ilusiones, deseos, desesperanzas, anhelos... Todo un canto a la relación, a ponerse en marcha y no adocenarse ni aburguesarse...

A las pocas horas, la paradoja contraria. Un viaje truncado. Una lucha, de la migración, que sucumbe por una maldita enfermedad. Una mujer, camerunesa, que fallece en el hospital alejada tantos kilómetros de su familia... Separada de su pareja, a escasos metros, porque el supuesto plan de ayuda humanitaria español, y quienes les trabajan, no posibilitaron que los amores encontrados en el camino pudieran abrazarse en esa recta final.El funeral, expresión de rabia contenida, que celebramos en memoria de Rosmery. Esa es la Resurrección que la muerte injustamente propiciada no tenga la última palabra en nuestro conjunto caminar. Ese es nuestro grito!!
Viajes, maletas, abandonos, ilusiones... todo cabe en nuestra vida... y en un mismo día.

viernes, 23 de febrero de 2018

Decir haciendo...


No resulta complejo explicar el libro “decir haciendo,
crónicas de periferias” de Pepa Torres en Lavapiés. Pepa es una ciudadana, creyente en el Dios de Jesús, con una gran fe en las personas, que se ha puesto a tiro (eso que Pepa nomina: “no imponer ritmos, sino ir detectándolos”) -en una realidad concreta de un barrio diverso en Madrid- para acompañar a personas en el margen y dejarse acompañar por ellas. Ese recuerdo que nos hace de la etimología del compartir, y de muchas otras palabras. Que no es dar, ayudar… es partir-con, partir lo que tengo…

Desde el título, tomado al movimiento zapatista, es un libro serio, inconformista en cuyos posicionamientos religiosos no caben excusas: la pregunta de Mateo 25 Señor “¿cuándo te vimos…?”  al dios de Jesús brinda su respuesta: “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.
 En la pequeña asamblea de San Carlos Borromeo lo descubrimos y definimos, hace ya años. Si creemos en alguna unión indivisible es el anuncio y la denuncia. No podemos –sólo- poner pancartas en fachadas municipales o andar todo el día citando al Papa ( son gestos importantemente provocativos), si no abrimos nuestra casa, nuestros locales, parroquias, conventos… Y, paralelamente a esto, lo estructural, tenemos también que ser capaces de abrir nuestro corazón. Las personas empobrecidas no sólo necesitan (necesitamos) cubrir nuestra necesidades materiales, tenemos otra serie de necesidades igualmente urgentes a cubrir: el mundo de los afectos, de las dignidades, de los deseos, las luchas… de todo aquello que nos constituye como personas. Como señala Pepa, tenemos que “vivir la fe como don y riesgo”. 

De ahí que las claves que me deja el libro lo que testimonia, podría resumirse en estas:

1.    Gritar. Pareciera que hemos caído en una especie de silencio sepulcral que nos mata. (Pepa propone hacer un “taller de gritos”, me parece genial).
2.    Desobedecer. “Porque el adverbio preferido del amor no es el sí resignado sino el no desobediente y creativo”. “porque las leyes no sirven si no hay quien las cumple”, dice Pepa en el texto.
3.    Corporizar Acuerpar. No podemos delegar nuestra vida -la revolución- en la técnica, los técnicos o los carismáticos. “El cuerpo es la presencialización de la persona”.
4.    Esperanzar. Vivir es estar en continua lucha: contra una misma y contra montón de accidentes que acontecen en nuestro existir. Sin embargo uno de los esfuerzos mayores actualmente, a pesar de imperfecciones, errores y desazones en que podemos movernos, es resistir frente a la mediocridad o frivolidad. Nos jugamos mucho en el vivir de cada día, por eso es importante “y urgente unirnos al coro de voces de la esperanza, y no de las plañideras”.

Por todo esto el libro nos invita a redirigir nuestra mirada, su foco. Cada uno tenemos la oportunidad de enfocar nuestra vida en aquello que hemos encontrado. El Evangelio nos habla de “vender todo por comprar el tesoro”. Pero no sólo tenemos que mirar el lugar donde está la alhaja. Este es el primer paso: mirar, indignarnos. Tenemos que dar otro paso inexcusable: ponernos en el lugar de, hacernos los encontradizos, dejar desbaratar nuestra vida, nuestros saberes, nuestra estructural moral ideológica o filosófica/ religiosa. Como advierte Pepa “tejer la vida más al hilo del proceso que de los planes”.
La causa más urgente, entonces, será aquella donde haya una persona sufriente, empobrecida, con sed de luchar, convivir y amar.

Es un libro refresco de muchas de las columnas que ya había leído con anterioridad. Refrescar supone volver a ponerse en marcha. Recordar para hacer memoria actualizada. Así como un libro clarificador. Más allá de lo que Pepa sabe “intelectualmente”, ayuda a poner y expresar muchas de las cosas que vivo. Simple y profundamente eso. Unos textos que hablan de su cotidianeidad, tan parecida a lo que yo vivo. Pero que lo expresa de una manera tan entendible, asumible y luminoso que se convierten en un texto no sólo “expositivos de un saber”, sino una experiencia vital compartida. Y esto segundo convoca, atrae, llama a querer vivir esa misma experiencia que Pepa comparte en estos textos. Para ello, como nuestra propia vida, es un “libro inacabado”
Fotografías de Miguel A. Vázquez

martes, 13 de febrero de 2018

esclavos...

Tengo guardadas en mi memoria infantil esas imágenes ficticias que series televisivas, en blanco y negro, ofrecían de espectáculos lacerantes sobre el trato dispensado a personas negras.
Hoy, que pensamos un mundo desarrollado, tecnificado y de movimientos, esta imagen puede resultar mucho más hiriente. Quizás por ese imaginario en el que pensamos que vivimos.
Las cadenas siguen vinculándonos a lo peor entre los seres humanos: privación de libertad, compra venta de personas, explotación laboral, restricción de derechos...
Seguimos viviendo circunstancias, conociendo realidades, haciéndonos prójimos... en las que se vulneran principios que pensábamos habían inoculados en el adn de las generaciones futuras: libertad, dignidad, corresponsabilidad, movilidad...
Vivimos tiempos de incertidumbre y menosprecio a los valores que entre hombres y mujeres pudieran ayudaros a crecer en estimación de unos para con otras. Tiempos donde el voraz consumismo está llegando a prologar que nos devoremos unos a otros. Tiempos donde el silencio se impone como contrario a esos mismos valores que queremos defender. Tiempos donde "mirar hacia otro lado" es la continua invitación del poder y la lucha fiera que contra ella tenemos colectivamente que articular. Tiempos donde se impone tener que volver a nominar la situación con palabras antiguas pero que evocan, como la imagen de las cadenas, gran parte de los demonios que arrancan la vida -aún hoy- a tantas personas a nuestro alrededor y en muchos lugares de este pequeño mundo: capitalismo.
Por eso tenemos que tener cuidado, como advierte Byung-Chul Han, que estos días el sistema capitalista en el que existimos no es represor (aunque también), sino seductor y cautivador.

viernes, 26 de enero de 2018

peligros infantiles...

Unos personajillos pequeños, en construcción, que gusta decir Enrique Martinez...
Una mole de hormigón, abierta en uno de sus lados, grave altura entre la embocadura y el suelo... Si fuera una excepcionalidad en unas criaturas que juegan ocasionalmente en un rincón campestre o perdido del barrio, no tendría más importancia que recordarnos, a mayores y pequeños, las mínimas medidas de seguridad ante el lugar complejo donde están jugando.

Sin embargo no son esas las condiciones. Las pequeñas juegan a escasos metros de su casa. Si el mal fotógrafo -un servidor- hubiera ampliado el foco de la fotografía, se podría observar cómo sus casas (chabolas) están a escasos metros de donde se desarrolla la escena.
Ellas, me cuentan entusiasmadas, que al fondo de la estructura hay alguien. No saben si un animalillo o una persona; "o un fantasma, grita la más pequeña, agarrándose fuertemente a mi pierna...
Que parábola. El desastre adulto, como aquella pintura de Goya, sigue creando monstruos de peligro, inseguridad y miedo. 
En el poblado del Gallinero, con Administración municipal "amiga y social", siguen sin darse alternativas reales a las personas que viven en este rincón perdido del Madrid de los cuidados. Por no recordar ahora la ciudad de los cuidados, o los servicios de acogida para los sin techo o...
Hemos de recordarnos continuamente que los últimos deben ser los primeros en las políticas sociales. A ponernos las pilas...

miércoles, 3 de enero de 2018

Año Nuevo...

Si al comenzar algo -en este caso un año: el 2018- el balance sólo se realiza mirando atrás, en la inmediatez trasera, el resultado, al menos en mi caso, es un tanto desolador. Un mundo más violento, donde la corrupción política parece ser el único camino posible, donde los intereses bastardos del capital arramplan todo y donde la gente sencilla, sin recursos y con muchas causas entre manos tiene que tejer mucho en su vida para poder sobrevivir.
Como dice mi amigo Miguel Perez: "renunciemos a sobrevivir". Se trata de vivir, en Mayúsculas y procurando hacerlo con dignidad. Esta, la dignidad, no está reñida con la pobreza, exclusión o vulnerabilidad. Más bien al contrario. Encuentro personas empobrecidas, excluidas y vulnerables que son, muchas veces, verdaderos vicarios de esos valores.
De ahí la foto que durante todo este año iluminará la entrada en mi blog. Muchas mujeres sonrientes, trabajadoras y testigos de que otro mundo futuro es posible y certero. Si todos y todas nos empeñamos en ello. La hice este verano en un pueblito de Gambia, fronterizo con Senegal. En medio de la pobreza y del supuesto "atraso material" hay que ver la energía, fortaleza y vida que desprenden esas personas, todas. Y entre ellas, las mujeres.
Pues así quiero imaginar este recién inaugurado año: lleno de color, alegría y esfuerzo para transformar la realidad en medio de la que vivimos. Realidad muchas veces, y para muchas personas, oscura, antipática y dolorosa.
Nos acompañamos en este camino? ... Por mi parte puedes contar conmigo...


Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
  
                                           Mario Benedetti

domingo, 10 de diciembre de 2017

día de...?

Pensaba yo que este día, marcado en el imaginario universal como el de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tendría una resonancia en nuestra asamblea dominical. Al coincidir el recuerdo con el domingo... algo hablaremos, Cuál ha sido mi sorpresa que no ha tenido, en nuestra celebración, ninguna resonancia. Esa es la razón de esta breve reflexión.
Hay días que pasan sin pena ni gloria. Ocurre incluso con la celebración de los cumpleaños de cada uno de nosotros. Unos años son "más celebrados" y otros pasan "más desapercibidos". El motivo creo que son multitud de aconteceres.
Quizás, con la celebración de este día de los Derechos Humanos, ocurra que estos -los Derechos Humanos- se han quedado en una simple formulación, más adaptada a los intereses burocráticos de los poderosos del momento que una expresión certera y actualizada de aquellas luchas que ennoblecen lo humano y colaboran en la aspiración de la dignidad para todas las personas.
Como nos recordaba nuestra presbítera en la mañana, estamos viviendo unos momentos donde la misión, más que allanar caminos, nos urge a desbrozar senderos. Momentos en donde trastornados mentales con poder se empeñan en violentar en nombre de la paz. Poderosos sobre la vida ajena deciden quién y cuándo se debe pasar frío, vivir en la calle o alimentarse de las sobras de los cubos de basura. Travestidos de la democracia que no aceptan resultados electorales y retuercen la matemática con tal de seguir imperando sobre la ciudadanía. Avidos del capital que anteponen sus intereses bastardos a la vida, criminalizando y persiguiendo a quien esta defiende... Montones de realidades que nos hacen difícil tener presente un día falsificado con el eufemismo de los Derechos Humanos.
Sin embargo, en el privilegio que habitamos algunos, descubrimos -aquí y allá- personas henchidas de un sentido vital tan humanizador que expresan, con su vida, ación y preocupación... que los Derechos Humanos no son, como nos recordaba Galeano en su definición de la utopía, algo conseguido y finalizado. Al contrario.
Los Derechos Humanos expresan la capacidad -colectiva e individual- que los seres humanos tenemos de hacer el bien, de procrear felicidad y achuchar ilusiones de libertad y solidaridad.
Entonces, como con los cumpleaños, si hoy no celebramos el día señalado, tenemos otro montón de días por delante para vivir, defender y crear Derechos Humanos a nuestro alrededor.